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Arboles en el jardín - Parte II

Arboles en el jardín: Consejos prácticos y sencillos para elegir y plantar nuestros árboles
Arboles en el jardín - Principios básicos
La planificación a largo plazo es un imperativo: pasados veinte, treinta o cuarenta años, el árbol seguirá plantado, y si plantea problemas habrá que arrancarlo. Se puede mirar desde el punto de vista ecológico, pero también desde el práctico.

Un árbol mal elegido acarreará un montón de problemas y si hay que sacarlo nos encontraremos con un buen gasto de extracción, tanto para retirar la madera y hojas como así también para destoconar la raíz. De otra manera no se podría volver a plantar en ese mismo lugar.

Los factores a contemplar. 

Clima, lugar geográfico, tipo de suelo entre otros.
La zona climática es determinante, con sus temperaturas medias estivales e invernales, precipitaciones y disponibilidad de agua, humedad o sequedad ambiental. También el lugar geográfico -la proximidad al mar, exposición a fuertes vientos, altitud, influirá en el desarrollo de los árboles: no es igual un jardín en las sierras cordobesas que en la zona de la Patagonia, en la región de Cuyo que el el Litroral o la selva misionera.

Otro factor a considerar es el tipo de suelo: hay árboles que prefieren los sustratos ácidos, como la mayoría de los arces, el roble y el castaño comunes, el aliso, el liquidámbar y el tulípanero, por ejemplo, y otros que viven mejor en los calcáreos, como el castaño de Indias, la encina, la higuera, el granado, el árbol del amor (Cercis siliquastrum), el limonero y el naranjo amargo.

Es de sentido común elegir ejemplares autóctonos o bien adaptados, capaces de crecer con facilidad en la zona donde vivimos.

Los buenos resultados con ellos están garantizados.

Con fijarse en el entorno se podrán identificar los que nos gusten para el jardín.

Un aspecto importante que no hay que perder de vista es que el árbol es un elemento de gran utilidad en el jardín, no un mero adorno. Los árboles son reguladores
climáticos, un árbol de sombra puede reducir la temperatura de verano bajo su copa hasta 10º. Sirven, además, para aislar la casa, poteger del viento, crear sombra y controlar el paso de la luz. En ese sentido, ayudan a ahorrar energía y dinero: un árbol de sombra puede reducir el gasto de electricidad por calefacción y refrigeración hasta un 25 por ciento. Eso sí, siempre que su elección y ubicación dentro del jardín sean acertadas.

En función de su edad y su tamaño, un árbol incluso acrecienta el valor de una propiedad.

Si se busca intimidad o una barrera para el viento, lo mejor es elegir árboles de hoja perenne. Además, garantizan el color durante todo el invierno ya que las hojas persisten. Respecto a su emplazamiento en el jardín, un árbol puede servir para enmarcar y delimitar áreas o elementos arquitectónicos.
Puede ocultar las zonas menos lucidas, o realzar la entrada de la casa, un camino, un rincón.

En los jardines, los árboles son el fondo del cuadro, la estructura que define el espacio; cuanto más grande el jardín más peso tendrán. El resto es importante, pero el peso es menor.

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